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  • Foto del escritorMaría José Huertas Jiménez

Germinar, crecer, transformarse como propósitos del nuevo curso

No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y compartirlo contigo. No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro. Pero cuando me necesites estaré junto a ti.

(Extracto de “Poema de la amistad”, atribuido a Jorge Luis Borges)


Comparto generación, década arriba, década abajo, con muchas personas que, como yo, criaron gusanos de seda, germinaron huesos de aguacate en un vaso de agua e hicieron crecer plantitas en vasos de yogur.

Mirado con la perspectiva de los años, nuestro objetivo, el de todas esas criaturas motivadas, coincidía siempre: jugar. Pero también, sin darnos cuenta, aspirábamos a hacer crecer algo o a transformar una cosa a priori fea en algo bonito. Eso sí, entonces no éramos capaces de racionalizar las consecuencias, los aprendizajes, las vivencias de lo que estábamos haciendo, ya que simplemente disfrutábamos del proceso.


Fotografía de Jian Xhin


A nuestros ojos no hacíamos más que compartir entre amigas, incluso con los hermanos, nuestros logros; podría decirse que colaborábamos entre nosotros. Los cromos (y después las cartas de Pokémon) se cambiaban, exigían una permuta, pues algunos se cotizaban casi tanto como el bitcoin en sus mejores momentos, pero las hojas de morera eran una commodity de escaso valor (pero gran retorno, pues alimentaban a gusanos anodinos que se transformaban en mariposas únicas), ergo podían regalarse sin problema (“comían hojas de morera como cabrones”, me dijo mi socia cuando le hablé del texto que tenía en mente escribir).


Aunque a la mayoría no nos quede ya nada tangible de aquello que entonces hacíamos germinar, crecer o transformarse, esto es, ni un árbol de aguacate plantado en una finca, ni un rosal exuberante por el que pasear, ni un mariposario que mostrar a los amigos, sí que hemos retenido la enseñanza y la experiencia vivida: aprendimos a cuidar de algo nuestro, a desarrollar la dedicación y la paciencia necesarias de todo proceso de creación y a admirar la belleza de las cosas. Y, además, casi siempre lo hacíamos en equipo y alegrándonos por nuestros pares. Es mi caso, al menos, y creo (o siempre espero) vislumbrarlo en la inmensa mayoría de las personas que orbitan cerca de mí.


En el proceso de construcción de SonQo hemos pelado y metido en agua para germinarlo el mejor hueso representativo de nuestra pasión por el arte y la cultura y hemos plantado con mimo las semillas de nuestra vocación profesional, para contribuir a la prosperidad de quienes se acerquen a SonQo con cualquier necesidad o pregunta, buscando una solución o una respuesta.


En mayo pasado, después de varios meses de concentración, dedicación y esfuerzo, reunimos en un lugar donde vive la música a muchas personas luminosas quienes, ya fuera con nosotras sobre la tarima o unidas desde la audiencia, vieron a nuestro lado durante aquel atardecer cómo la larva de nuestras inquietudes se transformaba en algo cierto, pero sobre todo bello.



Con la difusión de este video queremos, por un lado, agradecer una vez más a los artistas y creadores maravillosos que nos acompañaron ese día, todos y todas grandes amigas/os, su generosidad hacia SonQo y su capacidad para generar belleza y, por otro lado, inaugurar este nuevo curso en el que aspiramos a germinar y hacer crecer el sinfín de ideas, planes y propuestas que rondan en equipo nuestras mentes, las de nuestros colaboradores y las de nuestros clientes, presentes y futuros.

Y si tenemos que ir a buscar hojas de morera, ¡allá que iremos!


Música del video: Mil Caballos de Gitano de Palo

Artistas participantes: Performance de Maite Martín Laguna. Proceso creativo literario: Antonio Pérez Lepe. Audiovisual SonQo creado por Quebue Creative Studio. Showcase final de Gitano de Palo

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